Maximus despertó en su cuarto, en
su gran cama, su cuarto era de un rojo oscuro, tanto como la sangre, él era un
hombre de 60 años que aparentaba los tempranos 30, su piel relucía como cera,
sin ninguna imperfección visible, su pelo era un poco corto, castaño, sus ojos
eran canela y a la luz de la ventana, a la cual se acababa de acercar parecían rojos,
luego tomo un baño e inmediatamente fue al comedor donde un bufete le esperaba,
a él y solo a él, la propiedad en la que vivía era igual de grande a cinco
piscinas olímpicas a lo ancho y 3 a lo largo, su pequeño Eden, en el cual
aparte de él, los únicos que vivían eran los empleados de la casa.
Buenos Días Sr. Stark –dijo un
mayordomo anciano, pero lo suficientemente joven para cargar en una mano y a
perfecto equilibrio una bandeja llena de exóticos platos increíblemente elaborados,
lo cual se podía comprobar a simple vista- imagino que desayunara e irá a la
cita que tiene programada dentro de una hora.
Buenos días Ruben, si estas en lo
correcto, termina de traer la comida y cuando termine enseguida iré a la reunión.
Entraron dos mayordomos con dos
bandejas cada uno y las dejaron en la mesa, la comida cubría la mitad del largo
y antiquísimo comedor colonial, Ruben y
los demás se retiraron del comedor durante media hora y al entrar este con
otros dos empleados diferentes a los anteriores, las bandejas se encontraban vacías
y amontonadas en un lado del comedor.
Todavía no me deja de sorprender
lo mucho que este tipo puede comer –susurro uno de los empleados al oído del
otro a su lado, el cual aguanto su risa en un pequeño chillido ahogado-.
Maximus alzo la vista que tenía
fijada en la última bandeja, tomo el pañuelo que tenía en sus piernas y con delicadeza
se limpio la boca, luego miro a el empleado que había hecho aquel comentario son sus ahora rojos
ojos, le sonrió, y en ese momento Ruben se distancio de este, el empleado quedo
petrificado y empezó a sudar incontrolablemente, mientras que el otro se fue
alejando poco a poco.
Sabes hijo, me sorprende que
digas algo así – dijo mirándolo a los ojos desde el comedor, mientras la
tensión aumentaba- ¿acaso no sabes que si no te alimentas bien vas a
enfermara?, además el desayuno es la comida más importante del día –el empleado
se limitaba a responder, mientras el otro seguía alejándose de este lentamente-
¿y tu hacia donde te diriges? –Miro fijamente al segundo empleado- ¿no
acompañaras a tu amigo?, ve acércate al lado de él –este al igual que el
primero solo asintió y siguió las instrucciones de este.
Los dos se miraron y luego
miraron a Maximus, este empezó a esbozar una sonrisa.
¿Acaso no me creen?, comer te da
fuerzas durante todo el día, déjenme demostrárselos – acto seguido estos dos
empleados tragaron difícilmente saliva, claro, sin antes sentir el nudo en la garganta
y lo pesado que se sentía la atmosfera gracias a la tensión que iba aumentando
conforme pasaban los segundos-.
Miren esto –Dijo Maximus tomando
el tenedor con una mano y con la otra el cuchillo de la mesa- Ahora verán lo
bueno que es estar alimentado –sonrió y acto seguido lanzo los dos como
proyectiles, hasta que se clavaron en la garganta de los dos empleados, los
cuales cayeron inmediatamente al suelo – Los chicos de ahora, no saben cómo
estar sanos, no es así Ruben.
Si señor, una verdadera lástima,
pero que se le va a hacer –sonrió este también-.
Bueno mejor me voy, sino llegare
tarde a la reunión de la empresa nuevamente. Bueno me voy ya, la comida estuvo
muy buena, felicita al chef de mi parte, favor y que además limpien bien, no
quiero que la sangre llegue a la alfombra.
Tranquilo Señor Stark, yo me
encargare de todo.
Maximus salió a toda prisa de su
casa y se monto en su limosina, que lo esperaba en la entrada de esta, para
continuar su travesía.
Después de todo apenas empieza el
día...