En el interior de un enorme
edificio abandonado, que daba su espalda a una bahía rocosa con olas grises de
un mar contaminado chocando y muriendo constantemente en esta, y su frente a
una larga carretera que aunque solitaria era indispensable para aquellos que
debían salir de la ciudad, y aun necesaria para los que querían volver, en
alguna zona industrial abandonada por la humanidad gracias a la creciente ola
de modernos edificios que se alzaban en zonas menos lejanas, yacía una pila de
cadáveres en proceso de descomposición, en la cima de esta montaña una sombra,
un cuerpo, el cuerpo de un hombre aun vivo, pero sin duda agonizante, que usando
sus últimas fuerzas para mantenerse despierto, para mirar y tratar de descubrir
lo que estaba pasando, para no cerrar sus ojos a ese sueño profundo del cual
jamás despertaría, podía ver sus brazos rasgados y retorcidos, con todo su
interior vaciado, no tenía la fuerza suficiente para si quiera sentarse o
incluso alzar el cuello, pero supo que sus piernas estaban en el mismo estado
que sus brazos, la magnitud de las heridas daba a pensar que habían sido
infringidas por lo que podría ser algún tipo de máquina, esa era la única explicación
lógica, pero él sabía que esta no había sido la causa, lo que había visto antes
de chocar, esa sombra gigante, que aunque le ilumino la cara con las luces de
su auto no pudo contemplar sus ojos, el brillo de estos nunca se presento, pero
aun así sintió su mirada penetrante, sintió que lo observaba, que lo sentía,
que veía directamente a sus ojos, directamente a su interior, lo paralizo, lo
controlo, hizo que su pie no soltara el acelerador, la sombra quería ser
arrollada, se dijo a sí mismo en ese momento que cuando golpeara esa sombra
esta desaparecería, por muy grande que fuera sentía que esta era incorpórea,
pero al chocar con ella se solidifico,
no recordaba claramente que había pasado después de eso, todo los recuerdos se
hacían tan oscuros que simplemente se volvían nada o tan claros que aunque
cerrara sus ojos sus parpados no podían protegerlo de la luz y era cegado, en
ese momento perdió la conciencia.
Dos horas antes esa misma noche
Raymond Sadman, un hombre de contextura mediana, piel pálida por la falta de
sol, un efecto de directamente vinculado a estar más de doce horas al día en
una oficina sin ningún acceso de luz natural, con su frente surcada de pequeñas
arrugas por quien sabe cuánto estrés, estaba en una estación de servicio, volviendo
de una conferencia fuera de la ciudad, abasteciéndose de comida y gasolina para
lo que quedaba de viaje hasta su casa, hasta su hogar, iba a comprar un café
pero la maquina no estaba funcionando, cosa que lo molesto mucho e hizo que
insultara al encargado de la caja, que no debía tener más de veinte años, lo
cual dejaba entredicho que Raymond al menos le llevaba doce años al vendedor,
Raymond no era un ser prepotente, pero en ese momento y con todo su estrés
acumulado vacío en el chico más de diez minutos de insultos y “no lo puedo
creer” por la maquina averiada, así que opto por comprarse tres bebidas energizantes,
las de mayor concentrado de cafeína, aun suponía más de tres horas de viaje,
salió de la tienda sin siquiera decir gracias y se fue a su auto, el cual había
dejado reabasteciéndose de combustible para lo que quedaba de viaje, se subió
al auto, arranco y subió el volumen del radio lo suficiente para sentirse en
otro lugar, no había otra cosa que odiara más que estar solo en una carretera
de noche, y creía que eso debía ser un miedo común de todas las personas, no el
estar solo en una carretera como tal, sino el simple hecho de estar solo, de
sentirse abandonado, vulnerable, desprotegido, de estar a solas con uno mismo,
de que tu mente vuele y tu inconsciente saque a relucir recuerdos que luchas por
dejar atrás y miedos que son tontos pero sin nadie alrededor que te diga que lo
son pueden ser muy aterradores.
Un recuerdo de su madre, ya
difunta hace al menos tres años se le vino a su mente, a él de pequeño le
encantaba que su madre le cantara antes de dormir, era una de esas canciones
que nunca se sabía de donde habían salido pero que siempre pasaban de
generación a generación, y que seguramente cuando su hija naciera también se la
cantaría y se lo pasaría a ella, sonrío estúpidamente, en ese momento el
recuerdo de su madre, la melodía de la canción envolvía el coche y lo envolvía
a él, el ambiente dentro del coche se hizo pesado, era como si su madre
estuviera en el asiento trasero cantándole, la música era cada vez más fuerte,
el radio y su sonido fueron sustituidos lenta pero totalmente por esa melodía,
cada vez más fuerte, más penetrante, presa de la angustia volteo hacia atrás
para asegurarse que no había nada, y aunque le costaba creerlo estaba vacío,
sintió un poco de alivio y bajo un poco el vidrio para que el aire entrara,
pero lo que él en verdad quería era que esa atmósfera saliera, y así fue, se
disipo, en ese momento estaba entrando en una carretera oscura, con poca
iluminación y los árboles que la limitaban dejaban aun menos luz.
Trato de pensar en otras cosas, movió el radio
para encontrar una emisora, pero era inútil, solo se oía una interferencia, impropia
de una radio satelital, paso por el frente de un edificio gris, gigante con
chimeneas de ladrillo negras por el tizne de décadas de uso, una muro
delimitaba toda la zona del edificio, que partía en dos el camino, como si
fuera una Y, sabía que el camino de la izquierda llevaba a la ciudad, y a su
casa y el de la derecha a la zona industrial abandonada y a la costa
contaminada, pero antes de llegar a la bifurcación todo se hizo más lento, más
denso, era como si un repentino cansancio se apoderara de él, sus parpados se
volvían muy pesado, y ahí fue donde empezó de nuevo la melodía, su madre, no,
no era su madre, pero era la misma canción, cantada por una voz femenina, mucho
más melancólica, más pausada, era como si sintiera cada palabra que decía, era
una voz dulce con un deje de tristeza, le resultaba familiar ¿la voz de su
esposa? ¿De su hermana? ¿De su hija?, no, era una voz diferente, estaba seguro
que nunca la había oído y sin embargo le resultaba familiar, el adormecimiento se fusiono con un nuevo
sentimiento, con una excitación, aunque era más que eso, no era lujuria, era
cariño, no supo explicarlo pero fue ahí
donde apareció la sombra, a 20 metros delante de él, al frente de la
bifurcación, la ilumino, y siguió derecho, la traspaso sin hacerle ningún daño,
como si solo fuera objeto de su mente, solo una sombra con forma no del todo
humana pero que se asemejaba a la de un espécimen de nuestra especie, al
pasarla con su pie apretando el pedal no se dio cuenta del cruce a menos de
diez metros, y si lo vio nunca le importo, se estrello de lleno con este y
perdió la poca conciencia que le quedaba.
Recobro las fuerzas, un olor a
podredumbre lo ahogaba, a descomposición, abrió sus ojos, seguía sobre la pila
de cadáveres, pero ¿por qué no había muerto aún? Veía como la sangre salía de
sus brazos destrozados, como su piel ya era totalmente pálida, si estaba vivo
¿por qué no sentía dolor? si estaba muerto ¿por qué seguía en su cuerpo? ¿Era
este el infierno? ¿Un edificio abandonado gris por el polvo y por el abandono,
encima de un montón de cadáveres, con un olor tan penetrante que haría a
cualquiera vomitar hasta la bilis, si era así entonces solo le cabria esperar
al demonio que sería su acompañante por la eternidad.
No estás muerto –dijo una voz con
autoridad, desde la parte a la cual la luz de la luna llena no lograba iluminar
en el edificio, en esa sombra brillaban dos esferas, blancas, casi transparentes,
con un centro negro, mas aun que la sombras que los rodeaban- no aún.
“¿quién eres? ¿Qué eres? ¿Dónde
estoy?” -y miles de preguntas más pasaron por la ente de Raymond, pero al
intentar decirlas lo único que obtuvo fue que la sangre que salía de su boca
salpicara todo su rostro.
No intentes hablar, no tienes que
hacerlo, sabes que no es necesario –la voz tenía razón él se pudo comunicar con
ella sin mover su boca, como ella se estaba comunicando con él, la sombra, o lo
que sabía que alguna vez había sido la sombra salió de la oscuridad, era una
mujer, al menos la silueta de una, su cara era angelical, como esas que se
pueden apreciar en las pinturas de la capilla, pero donde empezaba su
cabello habían marcas, cicatrices, grandes y sin duda anteriormente dolorosas,
sus ojos eran inhumanos, sobrenaturales, bellos y transparentes, pero esa
transparencia dejaba ver su interior, y este estaba vacío- tal vez no sepas
quien soy, pero sabes lo que soy y sabes dónde estamos, no estás alucinando si
te lo preguntas, solo recuerda.
En ese momento, los recuerdos,
volaron, él solo en el auto, sin ningún ruido, sin ninguna melodía, era el
definitivamente, pero no era su recuerdo, era un recuerdo sobre él, se podía
ver en tercera persona, su auto, las luces, la carretera, cuando paso por una
curva, alguien lo había estado observando ¿era el recuerdo de ese ser? Después
vio como ese ser se desplazaba rápidamente, miro a otro de los suyos, este
empezó a cantar, entre los dientes, primero emitió un sonido horrible, Raymond
pensó que se transformaría en la melodía que lo absorbió, pero no, siguió así,
eran como gritos de desesperación, sus oídos no lo aguantaban, era la primera
vez que sentía dolor, fue ahí cuando se vio otra vez, yendo directo a la
esquina de la bifurcación, acelerando para chocar contra la pared, perdiendo la
conciencia, y luego eso, lo que fueran esas criaturas sacándolo del auto.
Entonces había más de una, al
menos una docena de pares de esferas brillaron en la oscuridad, con la que
estaba conversando en su mente se acercaba a él, dejando ver su forma, era como
si hubieran arrancado trozos al azar de su piel y luego esta hubiera
cicatrizado de manera horrible, sus manos, si se les podía llamar así estaban
deformadas, con los dedos anormalmente largos y uñas que fácilmente se describirían
como garras, desde el antebrazo bajaba sangre, goteaba, pero no era de una
herida propia, Raymond supo que era suya, es cierto, no era necesario hablar,
se entendían, aun sin mirarse él la podía ver, sabía que si lo intentaba el
también podría verse a través de los ojos de esta, pero no quería, no quería verse
destrozado.
Estas muriendo, yo te ataque, lo
siento –le dijo, lo ultimo con una sinceridad absoluta- aunque no me guste debo
hacerlo o yo moriría –volteo su cara a las sombras, el sabia que a ella no le
importaba morir, que en realidad no lo hacía por ella- si algo compartimos es
el amor incondicional a nuestros descendientes, tanto tu especie como la mía –dijo
mirándolo de nuevo, con tristeza en su rostro, de repente su cuerpo se
transformo, su rostro se suavizo, sus pómulos se volvieron más pronunciados, sus
ojos de color marrón en esa oscuridad, aunque sabía que a la luz del sol parecían
verdes, su cabello de una gama artificial del color rojo crecía rápidamente,
liso y baboso, esbozo una sonrisa llena de dulzura y tristeza, era su esposa,
al menos su rostro- estoy tratando de
hacer esto más fácil para ti Raymond.
Por favor dime cariño, así me
llama ella –dijo él con los ojos cerrados y su cabeza tumbada en la pila de cadáveres,
dando su ultima sonrisa en este mundo-.
La criatura se acerco mas, “cariño”
había dicho, lo más tierno y lo más apegado al guion en la cabeza de Raymond, él
entendía todo, que ella hacía lo posible para que él no sintiera dolor, que él
no merecía eso, pero que así era la vida, tal vez ese era el llamado “destino”,
ella se acercaba cada vez mas y a él una niebla lo empezaba a cegar, lo adormecía,
abrió los ojos, su esposa estaba cada vez más cerca, por un instante sintió dolor,
ella poso su mano sobre su frente, segundos después ya no sentía nada, su
esposa le susurraba la canción de cuna que le cantaba su madre, se sintió aliviado,
sonrió, se ahogo en el sonido y la niebla tapo todo, dejando en blanco su
vista, dejando caer sus parpados para no levantarlos nunca más.