domingo, 19 de enero de 2014

Inferno

¿Lo mataste? ¿Cómo pudiste? –una joven sorprendida miraba a otra, la cual sentada en el suelo llevaba no más que un camisón largo, manchado de rojo, la joven en cuestión tenía grandes y marrones ojos, cuya pupila se había expandido tanto que apenas dejaba ver este color, los que miraban desconcertados a la otra aterrorizada joven, su boca estaba manchada de sangre, al igual que sus manos y pies, al lado de ella estaba el cuerpo de un joven, tenía un agujero en todo su abdomen, habían restos de huesos y órganos saliendo de este, rio, miro el cadáver, y miro a la aterrorizada chica que en estos momentos estaba intentando salir.
Salto rápidamente y abrió su boca para morder el cuello a su víctima, pero antes de hacerlo la otra dio la vuelta, en su mano cargaba una cuchilla, alzo su mano y la joven que estaba saltando hacía ella quedo clavada en el arma, esta se siguió moviendo durante un rato, su cuerpo se movió incontrolablemente, y partir de la herida empezó a esparcirse una ola gris que dejaría todo seco a su paso, al cabo de unos minutos el cuerpo no era más que un débil vestigio de lo que hubo antes.
Joder que desastre de mierda has dejado -dijo mirando al cadáver del chico- párate y ayúdame a arreglar esto, ¡hey! –Se acerco al cadáver- !no!, ¿qué pasa? –su mirada paro en el cadáver seco del monstruo- es que no pudiste ni un poco con este ¿no? –se dirigió a la momia, no había otra forma de llamarle, abrió el camisón y con la daga abrió el pecho, salió un putrefacto hedor, tanto que tuvo que taparse la nariz- esto es asqueroso, después no digas que no hago nada por ti -introdujo su mano al orifico, de la nada empezó a salir un liquido negro, su mano seguía entrando, introdujo tanto que tuvo que subirse el suéter que llevaba, miraba para otro lado mientras lo hacía, hasta que sintió algo , ya llevaba algo más del codo dentro del cadáver, así que duro un rato para poder sacar todo el brazo-, por fin –miraba atentamente a su mano, en la cual brillaba una piedra roja esférica.
La llevo hasta el otro cuerpo, a medida que se acercaba la piedra brillaba más y mas, la tiro ahí y luego metió los restos de huesos y órganos dentro de él, de repente el pecho se cerro, sus ojos se abrieron y recuperaron el color. Empezó a moverse y se incorporo rápidamente, luego vio al suelo, apoyo sus dos manos en él y vomito un poco de la sustancia negra que estaba en el otro cadáver, se limpio y dijo: Gracias.
¿Qué paso con esta? ¿Por qué no pudiste esta vez? –dijo la joven que ahora estaba sentada en la cama, mirándolo sin siquiera pestañear- te dije que esto no era fácil, y tú me dijiste que podías -casi se lo decía a ella misma-.
Estuve a punto de hacerlo, créeme, pero ella, ella simplemente me miro, era igual a mi hermana -miro de nuevo al suelo, donde la sustancia negra estaba, ahora habían solo cenizas- tengo que encontrarla.
Por este incidente tuvimos que matar a otra persona, si lo hubieras hecho desde el principio esto no habría pasado –estaba regañándolo, se sentía preocupada por el chico-, pero ya paso, es mejor que me ayudes a limpiar.
Estas… ¿estás bien? –Dijo el chico- tu brazo, está lleno de cortadas –señalo el brazo con el que la mujer había apuñalado al monstruo, y con el mismo que había sacado la piedra, habían miles de cortadas, pero ninguna sangraba.
Si –alzo el brazo cortado-, mira bien –todas las cortadas empezaron a unirse de nuevo, y la piel quedo sin siquiera cicatrices- son gajes del oficio, no te preocupes.
El miraba a otro lado, ella a él, vio en él una mirada perdida, le recordó a ella misma hace mucho tiempo, ella era, era igual que ahora, no había envejecido ni un día desde aquel incidente que cambiaría toda su existencia, parecido a lo que a él le había pasado. Duraron al menos una hora arreglando todo, todo se había convertido en polvo, menos el camisón, salieron del cuarto, pagaron la habitación, ella dejo un sobre junto al dinero, el lugar donde se hallaban era parte de una gran cadena de moteles a lo largo del país, lo único extraño en estos es que solo abrían sucursales en pequeños pueblos, o al lado de carreteras muy largas y tal vez muy solitarias, pagaron tres horas, y salieron, buscaron el auto, un viejo pero muy cuidado Cadillac “El Dorado” negro de 1996, ella conducía.
No se pondrá mejor, ¿sabes eso verdad? –No quito la vista de la carretera- ¿estás seguro de que quieres continuar?
No, no lo creo -corrigió-, sé que no quiero continuar –miro por la ventana- pero debo hacerlo, se lo debo a ella, se que la encontrare, o al menos a la cosa que le hizo eso.
¿Y si no lo haces?, ¿y si la cosa sigue dentro de ella? ¿Y si ya no hay nada de ella en ese cuerpo? –Todavía no quitaba la mirada del camino-.
Entonces, seguramente mi existencia acabara, y tú te encargaras de vengarme a mí, y de vengarla a ella –ella lo miro de reojo, él la estaba mirando, ella tenía una piel muy blanca, pálida prácticamente, sus ojos eran de color miel, muy claros, su cabello era rojizo y liso, le caía un poco sobre la cara, y el resto caía despreocupada mente fuera de esta, el en cambio era algo moreno, con ojos verdes y cabello café, ella tenía labios gruesos y carnosos, lo suficiente para hacerla ver bien, el los tenia finos- ¿Hacía donde vamos ahora? – pregunto sin dejar de mirarla-.
No se – dijo ella.
Inmediatamente prendió la radio y la sintonizo a un canal donde solo se oía ocasionales pitidos de alguna rara bocina, luego ajusto el espejo retrovisor, para que los dos pudieran ver exactamente el puesto de atrás, de repente una silueta se empezó a dibujar, con una gran sonrisa, llena de arrugas, que dejaba salir unos amarillos colmillos, el resto de su cara era tapado por la sombra de el sombrero que llevaba,un traje negro con rayas verticales moradas, algo separadas entre sí, y guantes grises, era el resto de su vestimenta y un bastón negro con una gran bola de cristal rojo en la mano izquierda era su accesorio.
Viejo, ¿hacía donde vamos esta vez? –dijo ella sin mayor preocupación, que la de verlo a través del espejo-.
El muchacho volteo, el viejo no estaba ahí, pero al ver de nuevo el espejo al parecer nunca se había ido, ya sabía que esto pasaría, pero aún no había conseguido acostumbrarse, el viejo abrió la boca, y de la radio una voz muy cansada interrumpió los pitidos, para indicarles el camino.
A veinte kilómetros con treinta y dos metros exactos de acá encontraran una entrada al lado de la carretera, solo es un camino que de tierra que los llevara a un pequeño poblado, llamado Dark Montain –dijo la voz, pero en ningún momento el viejo movió la boca para hacer mímica con esta-.
¡Oh! Encantador nombre –no hubo más sarcasmo en la frase de la mujer porque no cupo- ¿y qué es exactamente lo que está pasando en esa hermosa campiña? –No, no se había ido el sarcasmo-.
Señorita Valentine, tan expresiva como siempre –volvió la voz de la radio, mientras que la imagen en el espejo mostraba una amplia sonrisa, tomo un tono serio de nuevo- en el poblado habían trescientas veinte personas, de las cuales solo ciento setenta y cinco eran menores de veinticinco años, hace una semana ese numero descendió drásticamente a tan solo ochenta y cuatro menores de 25, más que todo mujeres.
¿Y por qué no han denunciado nada? –Pregunto el muchacho- eso es suficientemente preocupante como para decirlo.
Porque son estúpidos, porque tienen miedo, o porque son los asesinos –respondió secamente la muchacha- puedes elegir cualquiera de las opciones anteriores, todas se relacionan al final.
No estás tan equivocada querida –al oír esta última palabra la joven miro con rabia al viejo en el espejo, el viejo siguió-, creo –corrigió- creemos que es el sheriff, le ha dicho a todas las personas del pueblo que seguramente se han escapado a la ciudad, ya que es un pueblo donde no hay más que una pobre vida de campo.
Viste muchacho, que te dije, estupidez –rio secamente, y luego volvió a dirigirse al anciano- entonces crees que el monstruo es el alguacil.
Si –termino secamente el hombre-, ya que te he informado de todo, no me queda más que irme.
Espera viejo, ¿y nuestra paga? –Respondió rápidamente la muchacha-.
Señorita  Valentine, si termina este trabajo con gusto se le facilitara, ahora me despido –el hombre se empezó a desvanecer lentamente, desde el sombrero hasta los pies, pero durante unos segundos más quedo la sonrisa amarillenta de este, los pitidos volvieron a la radio-.
¡Maldito viejo de los mil demonios!, algún día matare a esa escoria –golpeo el volante, y luego respiro profundamente, miro al joven a su lado, miraba a la radio- ¿tienes algo que decir?
No me digas muchacho, tenemos prácticamente la misma edad.
Ella se sorprendió un poco y luego salió de su boca una risa un poco burlona– ¡Oh! Pobre niño, que aparentemos una edad parecida no significa nada, soy siglos más vieja que tu, en realidad tengo –lo pensó mejor- no, no recuerdo cuanto tengo –volvió a mirar el camino-.
No importa, para mí tienes mi misma edad, es más me atrevería a decir que eres más joven que yo –dijo firmemente, tanto que esta vez tomo aún más por sorpresa a la muchacha, con esto se termino la conversación-.
Condujo y miro bien todas las entradas posibles al lado de la carretera, todas las que encontraba eran iguales, hasta que el muchacho dijo- Esta es –ella lo miro expectante-, lo puedo sentir.
Así es, bravo has avanzado –dijo en un tono que en realidad haría pensar que fue sarcasmo-, yo también lo puedo sentir.
Entraron al camino de tierra y aceleraron a medida que vieron que era un camino recto, de la nada salto una silueta sobre ellos, casi los hace morir, y no solo del susto, intento detenerse, pero ya había atropellado a lo que fuera que fuese eso, al detenerse se miraron, ella bajo y el la siguió, detrás del auto estaba un cuerpo, de una mujer, tenia los parpados derechos cosidos,estaba desnuda, y muy sucia, con múltiples cortadas por todos lados, le faltaban grandes pedazos de piel en los brazos, estaba raquítica, sus costillas se podían observar muy bien, pegadas a la piel pálida, tenía una pierna destrozada, tal vez por el choque, el muchacho vomito apenas a vio, la muchacha la toco, miles de imágenes le vinieron a la mente, todo lo que había pasado esa mujer, pero ya no había vida en ese cuerpo, se dirigió al carro de nuevo, al asiento del conductor.
¡¿Qué haces?! ¡No podemos dejarla aquí! ¡Mira como esta! –grito el muchacho después de limpiarse la boca, ella salió de nuevo y se dirigió al maletero, saco una pala-.
Ya la vi, está muerta –ella uso una voz tan neutral que daba a pensar que eso era tan normal para ella, como lo es comer para el resto- vamos a enterrarla –le tiro una pala al muchacho- al parecer esta visita va a ser muy interesante.

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