En medio de una vieja mansión
ocurría una muy singular reunión, en un salón con una muy pobre iluminación con
una mesa de cinco esquinas los individuos en cuestión se sentaron.
¿Qué es eso? ¿De qué me estás
hablando? –vocifero con aire de burla una acomodada mujer mayor, de piel muy
pálida con una gran peluca blanca, de un metro para ser exactos, se notaba que
estaba acostumbrada, ya que cuando hacia ademanes y muecas y se movía alrededor
de la mesa no perdía el equilibrio, además llevaba un vestido de antaño con un
corsé que prácticamente partía en dos el cuerpo de la mujer- sabes muy bien que
yo no creo en esa clase de barbaridades querida.
¡Por todos los rincones oscuros
del Hades! ¿Segura de que estas bien querida? –dijo desde la otra esquina de la
mesa una mujer mucho más robusta tomando a la primera por ejemplo, su cabello
era negro y lo llevaba en una gran moña en forma de panal, su vestimenta
consistía en miles de telas puestas unas sobre otras de forma tal vez no tan al
azar, ya que daban la impresión de formar miles de caras con diferentes
expresiones cada una.
¡Dejadla en paz arpías! –dijo un
hombre en otra de las esquinas de la mesa, era mayor a las mujeres, su pelo era
azabache, sus ojos grises y vacios, su vestimenta era totalmente oscura, de no
ser por las que al parecer eran estrellas, que titilaban por todo el atuendo-
seguramente la pobre se ha dado un golpe en la cabeza-.
¡Oh claro! –Dijo una cuarta voz,
proveniente de otro hombre, mucho más joven, iba todo de blanco, y miles de líneas
negras aparecían y desaparecían de su vestimenta- eso explicaría todo.
Esperen, ¿qué les ocurre?, les digo
que ocurrió –dijo una mujer, mucho más joven que las anteriores, se una
simpleza inigualable, aunque muy bella, su cabello estaba suelto y era largo,
le llegaba hasta la cintura, de color castaño claro, con ojos verdes, llevaba
un vestido simple, que empezaba en un blanco puro y sus puntas que terminaban
en los tobillos de la señorita era negros- es una nueva creación
Pero si eso es imposible, soy el
padre de todo, el que lo crea todo, yo no he creado eso, y nadie que no sea yo
puede crear algo –hablo irritado Vida, el viejo- o no ¿Muerte?
Así es padre –dijo el joven de
traje blanco-.
Si, además, ¿en qué parte de mí
vestido vez algo así dibujado? –Dijo la mujer gorda- en este vestido están todas
las expresiones que representan todas las emociones existentes, ¿muchacha acaso
vez alguna como la que acabas de mencionar acá?
En mi eterna existencia nunca me
he detenido como dices que lo hice, no creo posible tal barbaridad muchacha estúpida,
ninguna emoción es tan poderosa –dijo la madre tiempo mientras movía su cabeza
de un lado a otro-.
Créanme, yo misma la vi, es increíble,
esa emoción, hace que se detenga el tiempo alrededor de ella –empezó a contar
expectante la muchacha- hace que des todo a la persona por la que sientes eso,
hasta la vida, hace que incluso se la quites a los demás si es necesario, te
hace sentir todas las emociones de una vez, quieres proteger a esa persona y
nunca dejarla, darle todo lo que necesite, todo lo que se antoje, te da valor,
te da el triple de fuerza, algo en que apoyarte, te hace llegar más alto que
las estrellas, es caluroso, te abriga así todo se congele a tu alrededor, y es
solo una simple emoción.
¡Tonterías muchacha! –Dijo finalmente
el anciano vida- ese sentimiento todavía no ha nacido, ¡Humanidad muchacha!
recapacita, es imposible que eso haya nacido solo, seguramente te has dado un
golpe muy duro al caer.
Todo es posible –dijo una sexta
voz en la obscuridad-.
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