CARNÍVORAS
1
Un trozo de tierra compactada salto a su cara llena de cansancio y rellena
de sudor, quedo pegada a su mejilla enrojecida por el trabajo, pero no le presto
atención, después de todo no tenía más fuerzas para darle importancia a otra
cosa que no fuera cavar, cavar, la única parte que no le gustaba, tomarlas era fácil,
jugar con ellas también, torturarlas era su parte favorita, matarlas era el
final, siempre, pero enterrarlas, enterrarlas era tan aburrido, podría tirarlas
al mar, desmembrarlas, ponerlas bajo el
piso de una casa, incinerarlas, pero no, aunque no le gustaba sabía que esto
era necesario para que el juego fuera divertido, quería que la policía lo
encontrara, o que al menos encontrara a los cuerpos, quería jugar con ellos,
pero eran tan estúpidos que no se daban cuenta, lo peor fue aquella vez, la
ultima, dejo al cuerpo al lado de la carretera, lleno de pistas, no tan obvias
porque qué tiene de divertido eso verdad? Pero esos estúpidos, esos idiotas, le hubiera
tatuado su nombre su dirección y su número telefónico en la frente y creerían
que seguramente era la siguiente víctima, o una mera coincidencia –claro estaque
como estaba la cara hubiera sido imposible tatuar algo en la frente- PERO ES
QUE NI SIQUIERA SUPIERON IDENTIFICAR EL CADAVER!!
El cadáver de Isabelle Sober de veinticinco
años, color de ojos verde claro -que si los mirabas de cerca mientras colocabas
una bombilla encendida al frente suyo mientras apretabas otra en su pierna
podías ver como su iris tenía pequeñas motas marrones mientras olías su carne
quemada-, de labios finos de los cuales quedaba solo el recuerdo, además de su
franja de pecas que iniciaba debajo de su ojo izquierdo, cubría su nariz y
terminaba en su ojo derecho, y estos estúpidos, estos incompetentes, la
identificaron como Mara Davis –cuyo única semejanza eran sus ojos, el color de
pelo y su edad-, una chica que huyo de su casa hace seis años y que hasta ahora
nunca se había conocido su paradero, lo que los estúpidos no sabían es que la
señorita Davis estaba en la ciudad, viviendo de un sueldo de camarera mientras
intentaba lograr hacer espacio en la música para ella, pero todos sabían que no
lo lograría, lamentablemente los sueños de la señorita Davis tuvieron que ser
truncados, por culpa de los estúpidos, para demostrarle que no era ella, él
tuvo que buscarla a la ciudad, decirle que era un productor, y traerla de
vuelta, resulta increíble que la señorita Davis, que llevaba seis años viviendo
en la ciudad fuera tan ingenua, pero la verdad es que la desesperación te hace
ciego y estúpido, y que te muestren una falsa esperanza te atrae como si fueras
una mosca la cual es seducida por el olor a carne podrida que libera un bello
ejemplar de una Venus Carnívora cualquiera, maravillosa y letal, la combinación
ideal entre la belleza y la tragedia, la representación completa de la
naturaleza, la representación perfecta de la vida misma, lamentablemente –para ella
por supuesto- la señorita Davis no tenía ni idea de esto.
Claro está que tomo tiempo para que ella confiara en él, la llevo a un
estudio real, hicieron un demo real –que por cierto sonaba muy bien en esa
noche- el cual era muy pop para su gusto, pero en esta bella noche estrellada
en un bosque a las afueras de la ciudad era perfecto, muy romántico, muy alegre
-procurando que no fuera demasiado alegre, las canciones alegres las guardaba
para los momentos más divertidos del juego-, sobretodo esta canción en
especifico, tenía una parte instrumental bellísima, una combinación entre
flauta de pan, violines y violonchelos, con un piano que marcaba el ritmo, raro
por algún motivo, pero hermoso, romántico, esto relajaba la mente del
enterrador espectral, recordaba también como la señorita Davis no había tenido
problema en ir a agradecerle a su productor a su casa -o bueno a su apartamento
rentado para la situación-, como no le había importado tomar ¿una copa? ¿dos
copas? Quizá mas, aun sabiendo ella y él mismo el pequeño problema que ella
tenía con la bebida, y ni hablar si se la mezclaban con somníferos, los dos cayeron
en los veinte, treinta minutos siguientes, se dijo a si mismo que recordaría que
apenas terminara de enterrar a la señorita Davis debía volver a la casa y sacar
del congelador al productor/actor que había contratado, pero eso sería después,
lo importante ahora era enterrar a la señorita Davis lo suficientemente hondo
para que no le quedara tan fácil a los estúpidos encontrarla, pero no tan hondo
para que la encontraran mañana mismo, o bueno, dentro de un rato, dado que ya
iba a amanecer, esta vez dejo al cadáver virtualmente intacto, la mato en el
acto, dejo su pelo castaño claro sin teñir, su cara no estaba estropeada y
vuelta un esperpento como las demás, aun conservaba todos los dientes, todos
los dedos –de los pies y de las manos-, los dos ojos -de un verde triste y aun más
triste sin vida- , y como pista especial había abierto su estomago para colocar
una pequeña cartera con la identificación de la señorita Davis, además de su
carnet de conducir, su pasaporte, su carnet de empleada, y otros documentos que
la permitieran identificar fácil, de por si lo que quería hacer con ella era
corregir el error de los estúpidos, y porqué no, también vincular los
asesinatos, y claro la parte más divertida, provocar a los estúpidos.
Por fin había terminado, estaba a punto de sudar el alma del esfuerzo,
sus brazos aun no le dolían y su espalda tampoco, pero le dolerían después,
cuando pasara la emoción, si es que alguna vez le pasaba, había calculado que
de ese momento hasta que la encontraran la batería del carro duraría lo
suficiente para que sonara su demo completo una y otra vez y los estúpidos comprendieran
su error, también había programado anónimamente la radio local para que tocara
su demo a mas tardar las seis menos diez de la tarde, analizando que a esa hora
ya deberían estar dando la noticia, y con eso quedaría marcado el inicio del
juego, por fin, este hecho lo llenaba de emoción pura, la emoción que de
infante que sentía cuando su padre le permitía degollar el conejo para la cena,
tapo la tumba dejando la mano de la doncella en busca de un beso de su ultimo
pretendiente, esperando el beso frío de la parca que la buscaría en cualquier
momento, él solo esperaba que algún animal no se comiera la mano mientras la
encontraban, sería triste, porque se había puesto la dura labor de no cortar
nada que no debía cortar si quería que la identificaran rápido, dejo la pala
encima de la tierra recién movida y se fue caminando tranquilamente por un
sendero que se conocía de memoria.
Llegando al pueblo fue lo suficientemente cuidadoso para no ser visto,
pero lo suficientemente atrevido para pasar por una casa, un hogar de una
familia compuesta –como sabía el de memoria- por un padre y una hija -que había
perdido a su madre aun estando muy pequeña para recordarla, y la cual nunca
había regresado, y nunca regresaría, él lo sabía-, claro que en la casa vivían más
personas, una segunda hija del padre y de su segunda esposa, no tan bella como
la primera –si es que le preguntaban a él-, pero que cuya hija era muy hermosa,
de una aparente perfección, la cual tendría que averiguar después, o bueno en
realidad la cual averiguaría muy pronto, sonrío para sus adentros de la emoción,
siguió caminando, una linda casa, con una linda familia, con una linda hija, ya
estaba amaneciendo, ya faltaba poco para que empezara el juego, miro su reloj
mientras caminaba, paso una pareja corriendo, una pareja que se mantenía en
forma, les sonrió y los saludo –menos mal se había colocado los guantes de lana
y el abrigo, para tapar todas las manchas de tierra-, siempre los veía, a la
pareja, y ellos también lo veían siempre a él, le devolvieron el saludo y la
sonrisa por igual, siguió caminando, llego a su casa, agarro el mando a
distancia, prendió todas las luces internas, y apago las externas, se dirigió a
su cuarto, se desvistió, olio la tierra y el sudor en su ropa y luego las tiro
en la cesta de la ropa sucia, agarro de nuevo el mando, subió las persianas y
dejo expuesto la vista de la montaña que tenía desde el ventanal, miro hacia
afuera, luego miro a la cama, vio que las sabanas de movían, salió de entre
ellas un cuerpo desnudo, el de una mujer, aun viva, aun hermosa, aun en sus
veintes, con un cabello largo, negro azabache, una piel pálida, tanto que la hacía
invisible en las sabanas blancas, abrió sus ojos, sus parpados aun lentos
dejaron entrever poco a poco sus ojos miel, que se volvían más y más brillantes
en cuanto mas salía el sol, lo miro y le sonrío, él le sonrío de vuelta, una
sonrisa estúpida, y aun sonriendo le dijo:
-Te veo en la tina.
Si les gusto la historia, haganmelo saber, y a todos lo que conozcan, compartanla por favor, y comenten que les gusta y que no, adiós!!!
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